A simple vista soy un modelo viejo; pero me gusta más auto reconocerme como una edición limitada que ya no diseña ninguna “fábrica gestante”. Si bien es cierto que aún conservo piezas originales (menos en la boca), ya muchas están de cambiar. Mis rodillas, por ejemplo, encienden luces de alerta, cada vez que subo o bajo escaleras.
Antes, mi motor de arranque era el sol que se colaba por la ventana, suficiente para despertarme y ponerme de pie en un segundo. Ahora, voy encendiendo por partes.
El espejo solo me muestra arrugas porque es incapaz de ver la alta tecnología de mi espíritu. Cada año se “resetea”, se actualiza y corrige errores de su versión anterior. Por dentro, soy Josefina 2.0.
¿Qué cómo lo sé? ¡Já! Porque mi capacidad se pone a prueba todos los días. Escucho a mi hija y a mi nieta discutir por no sé qué audio de WhatsApp. Entre hermanos se reclaman por fotos que no debieron subir a las redes sociales y le tienen más fe a Google que a Dios. Ver a la gente joven ahogarse en el vaso de agua de la tecnología me confirma que por dentro soy cien por ciento digital.
Yo no mando audios o mensajes importantes por WhatsApp. Ese error no lo da mi sistema operativo, porque a mi edad, no es una opción esperar para ser escuchada, y menos, dejada en visto. Lo que siento, lo digo de frente, sin la señal interrumpida.
No me importa si hay una foto en Facebook que no me favorece -o en la que no me etiquetaron-. Si de algo no tengo dudas es que los años, los gobiernos y los problemas pasan. No son eternos. No me importa lo que digan ni en Instagram ni TikTok. El mundo que yo vivo, no me representa en ninguna plataforma.
No cuento Likes. Cuento historias.
No le doy play al video de una tormenta. Yo salgo y me baño en la primera lluvia de mayo si me da la gana.
No bloqueo gente de mi teléfono. Las bloqueo de mi mente y corazón y luego digo que es el Alzheimer.
No uso GPS, pregunto y hablo con desconocidos. O sea, que mi red tiene mucho más alcance.
Si a todo eso no se le llama última tecnología emocional, no sé qué es. Cuando esta generación aprenda a vivir con la tecnología -y no POR la tecnología-; estará lista para su máxima actualización, versión 2.0. ¿Cierto mis Boomers?
