El Dominó en Puerto Rico es sinónimo de reunión. No es un simple juego: Es parte de la identidad boricua. El sonido de fichas, golpeando la mesa, es la “música de fondo” que todavía ameniza algunas tardes en marquesinas y plazas públicas.

Así como 4 sillas han sido suficientes para crear una comunidad, para William Torrellas -presidente de la Federación Nacional de Dominó-, ver desde muy pequeño a sus abuelos y vecinos jugar, fue la inspiración que puso un norte en su corazón.
“Siempre fui bueno en matemáticas, y para jugar dominó hay que llevar un sistema”, recuerda. Aquel pasatiempo se convirtió, con el tiempo y —desde 2010— en un deporte oficialmente reconocido en Puerto Rico bajo la Ley 168, curiosamente con el mismo número de puntos que se suman en un juego completo.
Del juego al deporte
El dominó, tradicionalmente símbolo de comunidad y esparcimiento, ha encontrado en la isla una estructura deportiva sólida. La Federación Nacional de Dominó de Puerto Rico, presidida por Torrellas, organiza anualmente temporadas similares a las del béisbol: 8 asociaciones y 34 equipos compiten simultáneamente en busca del título nacional.

“Cada temporada coronamos al equipo campeón de Puerto Rico, y luego representamos al país en competencias internacionales”, explica. En 2025, Puerto Rico fue sede del Campeonato Mundial de Dominó, celebrado en el Centro de Convenciones, donde —con orgullo— un puertorriqueño se alzó campeón del mundo.
Un ejercicio mental y terapéutico
Más allá de los torneos, la Federación lleva el dominó a escuelas, cárceles e instituciones para adultos mayores, utilizando el juego como herramienta educativa y terapéutica.
“Está médicamente comprobado que el dominó ayuda a retrasar el Alzheimer y mejora la concentración. También trabajamos con personas con ADHD; cuando están en la mesa, se transforman: se enfocan, no hacen gestos, no hablan de más, solo piensan”, comenta Torrellas, con la pasión de quien ha visto los efectos positivos de primera mano.
El dominó estimula la mente, exige cálculo y estrategia, y refuerza habilidades como la atención, la memoria y la lógica matemática. “No es solo un juego —añade—, es una disciplina que requiere seguir reglas, desarrollar concentración y aprender a manejar la emoción de cada jugada.”
Una pasión que evoluciona
William Torrellas ha llevado su amor por el dominó más allá del tablero. Con un enfoque social y educativo, trabaja para que la Federación siga creciendo y que más jóvenes se integren al deporte. “Queremos que el dominó no sea solo una tradición de abuelos, sino una herramienta moderna para aprender, socializar y mantener la mente activa”, afirma.
De marquesina en marquesina, de abuelos a nietos, de la tradición al podio mundial: el dominó puertorriqueño demuestra que los juegos de mesa también pueden ser un deporte de mente, estrategia y corazón.

